El alumnado de la escuela rural Mirta Morán, ubicada en la parroquia de El Valle (Carreño), ha protagonizado un enriquecedor encuentro colaborativo junto a personas adultas con discapacidad intelectual procedentes de Carreño y Gozón, usuarias del Centro de Apoyo a la Integración (CAI) de Candás, gestionado por FASAD M.P.. La jornada, diseñada bajo los principios de la atención centrada en la persona y enmarcada en el sistema de calidad de FASAD, puso el foco en la participación activa, la autonomía y el intercambio de experiencias significativas entre generaciones. Uno de los momentos más destacados fue la realización de un taller de radio, impulsado por el propio CAI de Candás. Durante esta actividad, Iván, Rossi y Lucas ejercieron como entrevistadores en un espacio sonoro en el que conversaron con Mirta Morán, maestra y vecina de Guimarán que da nombre a la escuela. Con más de 40 años de trayectoria docente, Morán continúa vinculada al centro como voluntaria, impartiendo talleres de carácter lúdico, artístico y de fomento de la lectura. El taller incluyó también entrevistas al alumnado y al equipo docente actual —integrado por Lorena, Santi, Lucía y Soraya (en prácticas)—, generando un espacio de diálogo cercano que puso en valor la educación rural, la memoria pedagógica y la implicación comunitaria. A continuación, la actividad continuó con un taller floral intergeneracional, en el que cada niño y niña de la escuela guio a los participantes del CAI en la elaboración de marcos decorativos con flores recogidas en el entorno natural. La dinámica favoreció la cooperación, la creatividad y el desarrollo de habilidades sociales, a través de la selección de colores, aromas y composiciones, en un ambiente de aprendizaje compartido. Este tipo de iniciativas reflejan el compromiso de FASAD M.P. con modelos de intervención basados en la calidad, la inclusión y la personalización de los apoyos, promoviendo entornos donde cada persona pueda desarrollarse desde sus capacidades, intereses y ritmos. Asimismo, el encuentro pone de relieve las múltiples bondades de las actividades intergeneracionales, que favorecen la empatía, el respeto mutuo y la construcción de vínculos significativos entre personas de distintas edades y realidades, contribuyendo a una sociedad más cohesionada e inclusiva. La experiencia ha sido valorada muy positivamente por todas las partes implicadas, consolidándose como un ejemplo de buenas prácticas en el ámbito educativo y social del territorio.